14 de abril de 2018

Nuestro Cardenal D. Carlos Osoro reflexiona sobre 'Gaudete et exsultate'

Llamados a la santidad hoy con sus riesgos, desafíos y oportunidades




El Papa Francisco vuelve a hacernos un regalo, esta vez pascual: la exhortación apostólica Gaudete et exsultate, un título que recoge palabras del Evangelio de san Mateo cuando en el texto de las bienaventuranzas dice a los que son perseguidos o humillados por su causa, «alegraos y regocijaos» (Mt 5, 12). Desde el mismo comienzo de la exhortación se manifiesta el amor de Dios hacia todos los hombres, un amor que es exigente, que requiere también una respuesta de amor porque «el Señor lo pide todo». Pero también en esa petición nos manifiesta lo que ofrece: la belleza que alcanza el ser humano y la atracción que ejerce en lo más profundo de las vidas de quienes lo rodean, así como la revolución provocadora y promotora de cambios que dan siempre vida y belleza, cuando lo damos todo. ¿Qué es lo que ofrece el Señor al pedirnos todo? «Lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados».

Hemos de recordar que, después de esas palabras en las que el Señor nos pide todo, nos ofrece ser verdaderas imágenes de Dios. Y llegaremos a serlo si dejamos que nuestra vida contenga a Jesucristo, lo cual supone ponerlo a Él en el centro. Esto es lo que provoca la verdadera alegría, eso es lo que nos hace vivir en ese «alegraos y regocijaos». Desde las primeras líneas de la exhortación, el Papa Francisco recuerda que los cristianos no debemos conformarnos con una «existencia mediocre, aguada, licuada». Y adquieren una actualidad mayor esas palabras del Señor que conforman el fondo de toda la exhortación sin pronunciarlas: «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Y no sirve más que para ser tirada afuera y ser pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5, 13-16).

En estos momentos de la historia de los hombres y de la vida de la Iglesia, en que sigue vigente el mandato del Señor de «id por el mundo y anunciad el Evangelio», el objetivo de la exhortación es hacer resonar en el corazón de todos la llamada a la santidad en las realidades concretas que vivimos, con «sus riesgos, desafíos y oportunidades». A lo largo de sus cinco capítulos, Gaudete et exsultate nos dice que «la santidad es el rostro más bello de la Iglesia» y que todos podemos llegar a ser santos; no es algo exclusivo de algunos, es para todos: «Sed santos, porque yo soy santo» ( Lv 11, 45). Nos recuerda que los católicos podemos y debemos aspirar a ser todos santos y da un paso más, al decirnos cómo vivir la propuesta cristiana en el contexto en el que estamos. Es más, insiste en que el Señor nos eligió a todos «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1, 4).

Necesariamente hemos de recordar que todo el capítulo V de la constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia está dedicado enteramente a la vocación universal a la santidad. Y esto no fue un toque espiritual que los padres conciliares deseaban dar a la eclesiología; lo que deseaban era poner de relieve, con claridad y con fuerza y valor, su dinámica intrínseca y determinante. Nos decían así: «Todos los cristianos, de cualquier clase o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor» (LG 40).

Para descubrir la belleza de esta exhortación, que es para todos los cristianos y para todos los que deseen descubrir la belleza de la santidad, se nos proponen cinco etapas:

1. Llamada para todos a la santidad. ¡Qué fuerza tiene en el capítulo primero la llamada a la santidad! Con qué claridad nos dice el Papa que «los santos que ya han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y de comunión», pero al mismo tiempo nos habla también de «los santos de la puerta de al lado», los que están en la dinámica del pueblo, en la vida diaria, en seguir adelante día a día; nos habla del consagrado/a, de los sacerdotes, de los esposos, del trabajador, del abuelo y la abuela, de quien mantiene la lucha por el bien común... Todos podemos encontrar en la Iglesia, santa y compuesta de pecadores, todo lo necesario para crecer y ponernos en la dirección de la santidad. El aliento que nos da el Papa Francisco tiene una fuerza contagiosa: «No tengas miedo a la santidad, ni quita fuerza, ni vida, ni alegría, al contrario, te hará llegar a que seas lo que Dios pensó para ti cuando te creó». El Bautismo es la entrada en la santidad de Dios por medio de la inserción en Cristo y la inhabitación de su Espíritu.

2. Hazte consciente de los enemigos de la santidad. ¡Pongámonos a descubrir en el capítulo segundo a los enemigos de la santidad! No nos dejemos construir por el «gnosticismo actual» que nos lleva a vivir con una mente sin Dios y sin carne, pues lo que mide la perfección de las personas es su grado de caridad, y no reduzcamos la enseñanza de Jesús a «una lógica fría y dura que busca dominarlo todo». Y así, «al descarnar el misterio finalmente prefieren a un Dios sin Cristo, un Cristo sin Iglesia, una Iglesia sin pueblo». No alejemos de nuestra vida la frescura del Evangelio. Pero tampoco nos dejemos construir por «el pelagianismo actual» que piensa que lo que nos hace mejores o santos es la vida que llevamos desde nuestra voluntad y esfuerzo; ya no se atribuye el poder a la inteligencia, sino a la voluntad, al esfuerzo personal, confían en sus propias fuerzas, olvidan que todo depende no del querer o del correr, sino de la misericordia de Dios y que Él nos amó primero. Qué bueno es recordar lo que enseñaba san Agustín y decirle al Señor: «Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras». Nunca olvidemos que hay dos riquezas que no desaparecen: Dios y el prójimo.

3. Descubre la luz que el Maestro te da en las bienaventuranzas para ser santo. ¡Vive siempre, tal y como nos invita el capítulo tercero, a la luz del Maestro! «No podemos llegar a ser buenos cristianos, más que a la luz de lo que dice Jesús en la bienaventuranzas». Dibujemos el rostro del Maestro con nuestra vida, transparentemos su rostro en ese vivir día a día, tal y como Jesús nos manifiesta en las bienaventuranzas. ¿Dónde colocamos la seguridad de nuestra vida? ¿En la pobreza? Si lo hacemos en la pobreza, ahí puede entrar el Señor con permanente novedad; cuando tenemos una vida austera y despojada que comparte, ciertamente, haciéndolo siempre con mansedumbre que es la que nos hace capaces de depositar la confianza entera en Dios. Y por otra parte, viendo las cosas como son, dejándonos traspasar por todas las situaciones de dolor que hay en la vida y asistiendo a quien tiene dolor, buscando la justicia con hambre y sed. Dando y perdonando que es reflejo de la perfección de Dios que da y perdona. Mirando y actuando siempre con misericordia. Por otra parte, «sembrar la paz, esto es santidad», «mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, eso es santidad».
Termina este apartado con lo que el Papa Francisco llama «el gran protocolo» refiriéndose al capítulo 25 del Evangelio según san Mateo, y que pasa por reconocer en el otro «a un ser humano con mi misma dignidad, a una creatura infinitamente amada por el Padre, a una imagen de Dios, a un hermano redimido por Jesucristo», especialmente a estos que enumera el Evangelio. Ni ideologías que mutilan el Evangelio, ni sospechas de que es mundano, superficial, secularista, comunista o populista; el creyente debe vivir un compromiso social en la defensa de la vida, del migrante, de los pobres, en eliminar la miseria. Vivamos obsesionados por vivir las obras de misericordia.

4. Descubre algunas notas que deben estar en el canto de la santidad. El Papa Francisco, cuando nos habla de esas notas, se refiere a cinco grandes manifestaciones del amor a Dios y al prójimo, para intensificar su vivencia en la cultura en la que estamos. Y las enumera así: a) aguante, paciencia y mansedumbre; b) alegría y sentido del humor; c) audacia y fervor; d) en comunidad, y e) en oración constante.

5. Aprende a vivir en combate, vigilancia y discernimiento. El Papa Francisco, cuando nos dice que la vida cristiana es un combate permanente. Es cierto que se requieren fuerza y valentía para resistir a las tentaciones del diablo y estar disponible siempre para anunciar el Evangelio. Pero, ¡qué alegría llena la vida cada vez que el Señor vence! ¿Sabéis como nos envenena el diablo? Con el odio, la envidia, la tristeza, los vicios... En cuanto bajamos la guardia, él entra a destruir nuestra vida. Por eso hay que permanecer vigilantes. El Papa nos habla de las armas para este combate y para mantenernos despiertos y vigilantes: la oración, la Palabra de Dios, la celebración de la Misa, la adoración eucarística, la reconciliación sacramental, las obras de caridad, la vida comunitaria, el empeño misionero. Y, por otra parte, nos habla también la necesidad y la urgencia del discernimiento, para no convertirnos en marionetas según la moda del momento. Debemos vivir siempre a la luz del Señor y esto hay que hacerlo en las cosas más pequeñas. Es un don que hay que pedir siempre. Es necesario dejar entrar al Señor en todos los rincones y aspectos de la vida; se trata de salir de nosotros mismos y entrar en el misterio de Dios. Termina el Papa Francisco diciéndonos que María nos enseña el camino de la santidad, conversemos con Ella.

Os invito a leer y meditar esta exhortación. Trabajémosla en nuestras comunidades cristianas, que nos sirva para tomar la decisión de «no anteponer nada al amor de Cristo» como decía san Benito en su regla.

Con gran afecto, os bendice,
+Carlos Card. Osoro, arzobispo de Madrid

Fuente:archimadrid.org
Publicado por: ACGdeMadrid - sábado, abril 14, 2018

9 de abril de 2018

Nota de los obispos Jornada por la vida 2018

Educar para acoger el don de la vida



1. El don de la vida humana

«El don de la vida, que Dios Creador y Padre ha confiado al hombre, exige que este tome conciencia de su inestimable valor y lo acoja responsablemente. Este principio básico debe colocarse en el centro de la reflexión encaminada a esclarecer y resolver los problemas morales que surgen de las intervenciones sobre la vida naciente y los procesos procreativos».

El Magisterio de la Iglesia nos invita a recibir el don de la vida, a tomar conciencia de él. No podemos darlo por supuesto, sino más bien ponderar su significado y acogerlo responsablemente. Hemos de reflexionar sobre la vida como un don para entender de qué manera guiamos nuestra propia vida.

En nuestra cultura nos encontramos con algunas visiones reductivas sobre el don de la vida. Una primera concepción reductiva es considerar la vida humana como un elemento más de una naturaleza general, como si fuera un punto insignificante en un despliegue cósmico. Sin embargo, toda vida humana es única e irrepetible, valiosa y digna, sean cuales sean las circunstancias en las que se desenvuelve.

Una segunda concepción que se propaga en la cultura actual consiste en reducir la vida humana al concepto de calidad de vida, y de este modo se afirma que hay vidas que no son dignas de ser vividas, pues no tienen “calidad” suficiente. Es como ignorar la fuente de la que brota el concepto mismo de calidad de vida, pues si no hay vida no puede haber calidad. Además, queda abierta la gran incertidumbre, ¿quién y cómo decidir qué vidas tienen suficiente calidad? ¿Es que hay seres humanos de primera, de segunda o de tercera categoría? La experiencia ética originaria nos permite percibir que todos los seres humanos somos igualmente dignos y valiosos. Los cristianos reconocemos que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios (Gén 1, 27) y que Él nos ama incondicionalmente.

Una tercera concepción consiste en considerar que el valor de la vida es el que la sociedad le da. Una vida sería valiosa dependiendo de su aportación a la sociedad. En una sociedad de consumo el valor de las cosas dependería de la estimación de los diferentes agentes sociales. No obstante, como nos recordó san Juan Pablo II en la encíclica Evangelium vitae2, la vida siempre es un bien. Este es un dato de experiencia que interpela la libertad humana. Y es que para Dios todos somos valiosos, únicos e insustituibles. Y sin embargo algunos se empeñan en considerar que hay vidas más valiosas que otras e incluso que hay vidas que no son dignas de ser vividas.

Pero ¿cómo mostrar de modo convincente que toda vida es valiosa? Ante todo debemos recibir gozosamente la propia vida con gratitud, pues solo si nos aceptamos y nos queremos tal y como somos podremos amar y respetar a los demás. Cuando uno se sabe amado incondicionalmente por Dios es consciente de su propia dignidad, y también sabe que los demás son igualmente amados y valiosos. Así podemos ver en los demás a nuestros hermanos, a alguien a quien respetar, amar y ayudar.


2. La familia, santuario de la vida

Y en esta tarea consideramos a la familia como el lugar primero y privilegiado para educar en la acogida del don de la vida, pues el amor incondicional de la familia permite crecer en la seguridad de
ser querido pase lo que pase. ¿Alguien puede imaginar algo mejor que saberse amado incondicionalmente?

La familia es el santuario de la vida porque es el único lugar en el que cada uno es querido por sí mismo, independientemente de su curriculum, sus cualidades, sus logros, de lo que tenga o deje de tener. Y esto permite a los miembros de la familia sentir una seguridad, una estabilidad y una libertad que no tienen parangón.

En la familia se aprende a valorar la vida cada vez que hay un embarazo y se recibe la nueva vida con alegría, aunque sea inesperada. Como afirma el papa Francisco: «Es tan grande el valor de una vida
humana, y es tan inalienable el derecho a la vida del niño inocente que crece en el seno de su madre, que de ningún modo se puede plantear como un derecho sobre el propio cuerpo la posibilidad de tomar decisiones con respecto a esa vida, que es un fin en sí misma y que nunca puede ser un objeto de dominio de otro ser humano. La familia protege la vida en todas sus etapas y también en su ocaso».

Y si el nuevo miembro de la familia llega con dificultades o con alguna discapacidad, todos se vuelcan en ayudarle y en protegerle. ¡Cuántos testimonios de familias que han actuado solidariamente
y que han crecido reconociendo toda vida humana como un don precioso de Dios! También los que han nacido sanos pueden sufrir lesiones o enfermedades a lo largo de la vida. La familia suele ser el
apoyo firme que se encuentra en esas circunstancias. A veces todos tienen que hacer sacrificios y esfuerzos para cuidar a un padre, o madre, o hermano que ha tenido un accidente o una grave enfermedad que le deja postrado y que requiere de muchos cuidados y atenciones. Y, a pesar de todos los sacrificios, a veces muy grandes, la experiencia demuestra que hay más felicidad en la acogida que en el rechazo, en la generosidad que en el egoísmo.

Y llega la vejez. Los padres, los abuelos, se hacen mayores y necesitan cuidados. Cuando uno ha recibido el amor y la atención abnegada y sacrificada de sus padres siente con fuerza en su corazón una inmensa gratitud que le lleva a cuidar a sus mayores en el ocaso de sus vidas. A veces no es fácil, y las circunstancias laborales, económicas, el tamaño de las viviendas y otras situaciones lo pueden hacer complicado. Pero el corazón nos dice que honrar y cuidar a nuestros padres, mostrarles gratitud y amor, ocuparnos de quienes lo hemos recibido todo, es lo justo y nos hace mejores; aunque haya voces que nos digan que son un problema y que nos complican la vida, debemos continuar cuidándolos con amor. La familia es el santuario de la vida. En la familia se aprende, sin necesidad de discursos, que la vida de todos sus miembros es digna y valiosa en todas sus etapas.

3. La sociedad y el Estado como promotores de la familia

El papel de la familia en la edificación y desarrollo de la sociedad y de la cultura de la vida es insustituible. El Estado debe apoyar y promover el papel de la familia para que pueda acoger y cuidar a sus miembros, más allá de sus circunstancias vitales, permitiendo a la familia cumplir su misión de custodiar, revelar y comunicar el amor.

Toda vida humana es digna de amor y respeto. Una sociedad que no cuida y protege a la familia y a sus miembros más desfavorecidos es una sociedad enferma y sin futuro. En la fecundidad del amor, expresado en el don de una nueva vida, que es acogida, respetada y cuidada, está el futuro de la sociedad.

4. Conclusión

En esta jornada por la vida encomendamos de modo particular al cuidado materno de la Virgen María a aquellas personas que tienen encomendada la tarea de la educación, el cuidado y el gobierno de las personas. Que promuevan el reconocimiento de toda vida humana como un don inmenso recibido de Dios, por encima de su utilidad o de cualquier otro condicionamiento. De este modo contribuiremos eficazmente a la edificación de «la civilización de la verdad y del amor, para alabanza y gloria de Dios Creador y amante de la vida».

Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa,
Obispo de Bilbao, presidente de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida

Mons. Francisco Gil Hellín
Arzobispo emérito de Burgos

Mons. Juan Antonio Reig Plà
Obispo de Alcalá de Henares

Mons. José Mazuelos Pérez
Obispo de Jerez de la Frontera

Mons. Juan Antonio Aznárez Cobo
Obispo auxiliar de Pamplona y Tudela

Publicado por: ACGdeMadrid - lunes, abril 09, 2018

8 de abril de 2018

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Semana Santa Misionera 2018

La Semana Santa Misionera de los Jóvenes de la Acción Católica Genral de Madrid es una actividad que se realiza todos los años en pueblos de la sierra de Madrid, ayudando en las celebraciones de estos pueblos y compartiendo unos días con sus habitantes, llevando un poquito del amor que Dios nos da.





María ha sido este año responsable de la actividad, y este es su textimonio:

Después de vivir la Semana Santa entre libros, trabajos y clases de la universidad, (pues estaba en Alemania haciendo un Erasmus y allí vacaciones de Semana Santa como que "nein") fue una bendición recibir la invitación a participar en la Semana Santa misionera de la Acción Católica. Yo había oído mucho hablar de esta actividad, pero nunca había tenido la oportunidad ni las ganas (a quien vamos a engañar) de dejar a un lado esas "vacaciones" a mitad de curso e irme a servir allá donde hiciese falta.

Mi experiencia de estos dos años que llevo yendo a los pueblos de Rascafría, Alameda y Oteruelo es una experiencia de amor y esfuerzo. Tenemos la enorme suerte de que un sacerdote nos acompañe a los jóvenes a acompañar a las personas de estos tres pueblos en el acompañamiento al Señor durante su Pasión y Resurrección (valga la redundancia). Puede que repartir y recoger hojas por los bancos, formar un pequeño coro, ofrecerse a leer las lecturas y preces, acolitar y llevar alguna estación del Via Crucis no sean las labores características de un misionero. Sin embargo, en el fondo, hacer misión es llevar al Señor a aquellos que no lo conocen o que le tienen olvidado y, quién sabe, tal vez el Señor actúe a través de nosotros para recoger a sus hijos más alejados. La Semana Santa misionera hace que deje a mi familia más inmediata en casa, para acompañar al resto de mi familia, la Iglesia, y doy gracias a Dios por ello. 



Publicado por: ACGdeMadrid - domingo, abril 08, 2018

2 de abril de 2018

Vida resucitada. Por Monseñor Munilla

La esperanza cristiana nos permite vivir el presente desde el futuro que nos ha sido dado en la resurrección de Jesucristo.



Hace diez años la escritora y filósofa Elsa Punset escribía un artículo con un título impactante: “¿Hay vida antes de la muerte?”. Una pregunta ciertamente provocadora, que tiene especial interés y actualidad en el contexto de la celebración cristiana de la Resurrección de Cristo. En efecto, en el momento en que una parte importante de la cultura occidental ha dado la espalda a sus raíces religiosas, al tiempo que se ha entregado al materialismo y al hedonismo, tiene sentido hacerse una pregunta que va mucho más allá de un ingenioso juego de palabras: La cuestión ya no es solo si existe vida después de la muerte, sino si hay vida antes de la muerte.

Que nadie piense que estamos ante un planteamiento ajeno a la escatología cristiana. Si bien es cierto que nuestra fe confiesa que la resurrección de Jesucristo aconteció en un momento y lugar determinados, al igual que nuestra resurrección personal acontecerá en la parusía; al mismo tiempo, creemos firmemente que esa resurrección, se adelanta a los tiempos por la acción de la gracia. De esta manera, la esperanza cristiana nos permite vivir el presente desde el futuro que nos ha sido dado en la resurrección de Jesucristo. O dicho de otro modo, el estilo y el tono de nuestra vida, denotan y delatan nuestro futuro escatológico. ¿Cómo es nuestra vida actual: “resucitada” o “mortecina”? Este es el dilema.

Ahora bien, ¿cuáles son los indicios propios de una vida resucitada? Sin pretensión de ser exhaustivo, me referiré a cuatro en concreto:

1.- La paz y la alegría interior: En nuestra sociedad anidan un nivel de agresividad y de frustración interior muy notables. Es un tópico recordar que basta asomarse a Twitter para comprobarlo. Y es que, las carcajadas pueden llegar a ser el disfraz que oculta el drama de la amargura. Como decía Benedicto XVI en su exhortación apostólica “Verbum Domini”: “Se pueden organizar fiestas, pero no la alegría”… Pues bien, la paz y la alegría son un don de la Pascua, y se fundan en la certeza de que la resurrección ha vencido a la muerte; en la certeza de que el mal no tiene la última palabra; y en la certeza de que somos amados por Dios con un amor apasionado y fiel; un amor que es mayor que nuestra infidelidad.

2.- El juicio de misericordia hacia el prójimo: Cuando no estamos en paz con nosotros mismos, inevitablemente vivimos en guerra con todos los que nos rodean. Y el primer signo de ello suele ser el juicio duro y desesperanzado hacia los demás.  Sin embargo, la Pascua de Cristo nos posibilita formular un “juicio resucitado” hacia el prójimo. Detrás del “setenta veces siete” del evangelio, no se esconde meramente un precepto moral, sino el don de una esperanza resucitada. Si nuestro patrono San Ignacio de Loyola nos propone “salvar la proposición del prójimo”, es porque la mirada y el juicio resucitados son capaces de descubrir en el prójimo los dones que permanecen ocultos para quien no tiene esperanza… La dureza de juicio es indicio de una vida mortecina, mientras que el juicio de misericordia lo es de una vida resucitada.

3.- La perseverancia: La importancia de la virtud de la perseverancia estriba en que es necesaria para que todas las demás virtudes puedan dar fruto. Y, sin embargo, un signo de nuestro tiempo es la tendencia a explorarlo todo, sin comprometerse en firme con nada. Parece como si nuestra cultura fuese incompatible con los compromisos definitivos; con la apuesta de toda la vida y para siempre. Aunque a veces tendemos a reprochar a los niños esa inconstancia propia de quien se ilusiona con algo, para cansarse a las pocas horas; lo cierto es que mucho más preocupante resulta esa inconstancia en los adultos… Pues bien, la Pascua de Resurrección nos ofrece el don de una paciencia resucitada, que es hija de la esperanza y madre de la perseverancia. El Catecismo de la Iglesia Católica (nº 2737) recoge una cita muy interesante de un monje del desierto de Egipto en el siglo IV, llamado Evagrio Póntico: “No te aflijas si no recibes de Dios inmediatamente lo que pides: es Él quien quiere hacerte más bien todavía mediante la perseverancia en permanecer con Él en la oración”.

4.-  Vencer el miedo a la muerte: Tal vez debiéramos hablar de los miedos, en plural. Pero es obvio que, a lo largo de toda la historia de la humanidad, el miedo a la muerte ha sido el miedo fundamental, por mucho que los filósofos cínicos emulasen la táctica del avestruz, como hizo Epicuro en el siglo III a. de C. (“La muerte es una quimera, pues cuando yo estoy, ella no está; y cuando ella esté, yo no estaré"); y por mucho que hoy en día recurramos a la estrategia de no hacernos preguntas. Lo cierto es que el miedo a la muerte está humanamente justificado, hasta el punto de que es señal de tomarse la vida en serio. Si la muerte no tiene sentido, tampoco la vida parece tenerlo.

En este dilema existencial, la fe que vence al miedo es un signo de vida resucitada: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?” (Salmo 27). En definitiva, la Pascua de Cristo nos permite vivir en la confianza que nace de la victoria de Cristo sobre la muerte. Su victoria es la nuestra, hasta el punto de que la Sagrada Escritura se refiere a Jesucristo como el “primogénito de entre los muertos” (Col 1, 18). Confesar a Cristo como “primogénito” en la resurrección, es referirse a nosotros, de forma implícita, como los hermanos menores, llamados a participar de la victoria de Cristo, nuestro hermano mayor. ¡Feliz Pascua de Resurrección a todos!

+ José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián

Fuente: www.infocatolica.com
Publicado por: ACGdeMadrid - lunes, abril 02, 2018

25 de marzo de 2018

Via crucis: 14ª Estación, El cuerpo de Jesús es puesto en el sepulcro.


Comentario a  la Decimocuarta Estación del via crucis. Texto procedente del via crucis presidido por el Santo Padre Juan Pablo II, en el Coliseo romano, en el Viernes Santo de 2010.



DECIMOCUARTA ESTACIÓN
El cuerpo de Jesús es puesto en el sepulcro


V/. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R./. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

"Fue crucificado, muerto y sepultado..."

El cuerpo sin vida de Cristo fue depositado en el sepulcro. La piedra sepulcral, sin embargo, no es el sello definitivo de su obra.
La última palabra no pertenece a la falsedad, al odio y al atropello.
La última palabra será pronunciada por el Amor, que es más fuerte que la muerte.

"Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto" ( Jn 12, 24).
El sepulcro es la última etapa del morir de Cristo en el curso de su vida terrena; es signo de su sacrificio supremo por nosotros y por nuestra salvación.

Muy pronto este sepulcro se convertirá en el primer anuncio de alabanza y exaltación del Hijo de Dios en la gloria del Padre.
"Fue crucificado, muerto y sepultado (...) al tercer día resucitó de entre los muertos".
Con la deposición del cuerpo sin vida de Jesús en el sepulcro, a los pies del Gólgota, la Iglesia inicia la vigilia del Sábado Santo.
María conserva en lo profundo de su corazón y medita la pasión del Hijo;
las mujeres se citan para la mañana del día siguiente del sábado, para ungir con aromas el cuerpo de Cristo;
los discípulos se reúnen, ocultos en el Cenáculo, hasta que no haya pasado el sábado.

Esta vigilia acabará con el encuentro en el sepulcro, el sepulcro vacío del Salvador.
Entonces el sepulcro, testigo mudo de la resurrección, hablará.
La losa levantada, el interior vacío, las vendas por tierra,
será lo que verá Juan, llegado al sepulcro junto con Pedro:
"Vio y creyó" ( Jn 20, 8).
Y, con él, creyó la Iglesia, que desde aquel momento no se cansa de transmitir al mundo esta verdad fundamental de su fe: "Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicia de todos los que han muerto" ( 1 Co 15, 20).

El sepulcro vacío es signo de la victoria definitiva,
de la verdad sobre la mentira,
del bien sobre el mal,
de la misericordia sobre el pecado,
de la vida sobre la muerte.
El sepulcro vacío es signo de la esperanza que "no defrauda" (Rm 5, 5). "Nuestra esperanza está llena de inmortalidad" (Sb 3, 4).

ORACIÓN

Señor Jesucristo,
que por el Padre, con la potencia del Espíritu Santo,
fuiste llevado desde las tinieblas de la muerte
a la luz de una nueva vida en la gloria,
haz que el signo del sepulcro vacío
nos hable a nosotros y a las generaciones futuras
y se convierta en fuente viva de fe,
de caridad generosa
y de firmísima esperanza.
A ti, Jesús, presencia escondida y victoriosa
en la historia del mundo
honor y gloria por los siglos
R./. Amén.

Todos:
Pater noster, qui es in caelis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

CantoQuando corpus morietur,
fac ut animæ donetur
paradisi gloria. Amén.

Bendición Apostólica.

V/. Dominus vobiscum.
R/. Et cum spiritu tuo.

V/. Sit nomen Domini benedictum.
R/. Ex hoc nunc et usque in sæculum.

V/. Adiutorium nostum in nomine Domini.
R/. Qui fecit cælum et terram.

V/. Benedicat vos omnipotens Deus,
Pater et Filius et Spiritus Sanctus.
R/. Amen

El via crucis completo lo encontramos en este enlace
 
Imagen del via crucis tomada de la web de la parroquia de Ntra Sra. de Madrid
Publicado por: ACGdeMadrid - domingo, marzo 25, 2018

24 de marzo de 2018

Via crucis: 13ª Estación, Jesús es bajado de la cruz

Comentario a  la Decimotercera Estación del via crucis. Texto procedente de la asociación chilena Acción Familiar.



DECIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz

V. Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

El reposo del Sepulcro Os aguarda, Señor. En las sombras de la muerte, abrís el Cielo a los justos del limbo, mientras en la tierra, en tomo de vuestra Madre, se reúnen unos pocos fieles para tributaros honras fúnebres.

Hay en el silencio de estos instantes una primera claridad de esperanza que nace. Estos primeros homenajes que Os son prestados son el marco inaugural de una serie de actos de amor de la humanidad redimida, que se prolongarán hasta el fin de los siglos. Cuadro de dolor, de desolación, pero de mucha paz. Cuadro en que se presagia algo de triunfal en los cuidados indecibles con que Vuestro Divino Cuerpo es tratado. Sí, aquellas almas piadosas se condolían, pero algo en ellas les hacía presentir en Vos al Triunfador glorioso.

Pueda yo también, Señor, en las grandes desolaciones de la Iglesia, ser siempre fiel, estar presente en las horas más tristes, conservando inquebrantable la certeza de que vuestra Esposa triunfará por la fidelidad de los buenos, puesto que la asiste vuestra protección.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Se reza a continuación un Padrenuestro.

El via crucis completo lo encontramos en este enlace

Imagen del via crucis tomada de la web de la parroquia de Ntra Sra. de Madrid 
Publicado por: ACGdeMadrid - sábado, marzo 24, 2018

23 de marzo de 2018

Via crucis: 12ª Estación, Jesús muere en la cruz.

Comentario a  la Duodécima Estación del via crucis. Texto procedente del via crucis presidido por el Santo Padre Benedicto XVI, en el Coliseo romano, en el Viernes Santo de 2009. Reflexiones escritas por Su Excelencia Reverendísima Monseñor THOMAS MENAMPARAMPIL, S.D.B Arzobispo de Guwahati (India)


DUODÉCIMA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz  

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Del Evangelio según san Lucas 23, 46
Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» y, dicho esto, expiró.

MEDITACIÓN
Jesús entrega su espíritu al Padre con sereno abandono. Aquello que sus perseguidores consideraban un momento de derrota se demuestra de hecho un momento de triunfo. Cuando un profeta muere por la causa que ha sostenido, da la prueba definitiva de todo aquello que ha dicho. La muerte de Cristo es algo más. Trae la redención (cf. Ga 3, 13). «En él hemos sido redimidos por su sangre y hemos recibido el perdón de los pecados» (Ef 1, 7).
De este modo comienza para mí un camino místico: Cristo me atrae más cerca de sí hasta que le pertenezca plenamente (cf. Jn 12, 32; Flp 3, 12-14; Ga 2, 20). «Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios. ¿Cuándo podré contemplar el rostro de Dios?» (Sal 42, 2-3).

ORACIÓN
Señor Jesús, por mis pecados has sido clavado en la cruz. Ayúdame a tomar mayor conciencia de la gravedad de mis culpas y de la inmensidad de tu amor. «En efecto, cuando todavía éramos débiles Cristo murió por los pecadores» (Rm 5, 6.8). Confieso mis pecados, como en su tiempo lo hicieron los profetas:  «Hemos pecado, hemos faltado, hemos hecho el mal, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y tus preceptos. No hemos escuchado a tus servidores los profetas...» (Dn 9, 5-6).

Nada en mí merecía tu benevolencia. Te doy gracias por tu inconmensurable bondad hacia mí. Ayúdame a vivir para ti, conforma mi vida a ti (cf. 1 Co 11, 1), de modo que esté unido a ti y llegue a ser una criatura nueva (cf. 2 Co 5, 17).
«Cristo esté conmigo, Cristo dentro de mí. Cristo detrás de mí, Cristo delante de mí. Cristo junto a mí, Cristo me conquiste. Cristo me consuele, Cristo me alivie» (La coraza de san Patricio, himno irlandés del siglo VIII).

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Vidit suum dulcem Natum
morientem desolatum,
cum emisit spiritum.

El via crucis completo lo encontramos en este enlace

Imagen del via crucis tomada de la web de la parroquia de Ntra Sra. de Madrid 
Publicado por: ACGdeMadrid - viernes, marzo 23, 2018

22 de marzo de 2018

Via crucis: 11ª Estación, Jesús es crucificado.

Comentario a  la Undécima Estación del via crucis. Texto procedente del via crucis presidido por el Santo Padre Juan Pablo II, en el Coliseo romano, en el Viernes Santo de 2004.



UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es crucificado  

V /. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R /. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Lectura del Evangelio según San Lucas. 23, 33. 47b
Cuando llegaron al lugar llamado "La Calavera",
lo crucificaron allí, a él y a los dos malhechores,
uno a la derecha y otro a la izquierda.
El centurión daba gloria a Dios diciendo:
"Realmente, este hombre era justo".

MEDITACIÓN
Una colina fuera de la ciudad, un abismo de dolor y humillación.
Levantado entre cielo y tierra está un hombre:
clavado en la cruz,
suplicio reservado a los malditos de Dios y de los hombres.
Junto a él otros condenados
que no son dignos ya del nombre de hombre.
Sin embargo Jesús,
que siente que su espíritu lo abandona,
no abandona a los otros hombres,
extiende los brazos para acoger a todos,
al que nadie quiere ya acoger.
Desfigurado por el dolor,
marcado por los ultrajes,
el rostro de aquel hombre
le habla al hombre de otra justicia.
Derrotado, burlado, denigrado,
aquel condenado devuelve la dignidad a todo hombre:
a tanto dolor puede llevar el amor,
de tanto amor viene el rescate de todo dolor.
"Verdaderamente aquel hombre era justo" (Lc 23, 47b).

ORACIÓN
Jesús,
de entre tu pueblo,
sólo un pequeño rebaño,
al cual el Padre se ha complacido en dar su Reino (Lc 12, 32),
te ha reconocido como Dios y Salvador,
pero tu Espíritu muy pronto hará de ellos testigos
"en Jerusalén, en toda Judea y
Samaria y hasta los confines de la tierra" (Hch 1, 8).
Concede a los que anuncian tu Palabra en el mundo entero,
la audacia (Flp 1, 14) y la libertad (Flm 1, 8) gloriosa,
gracias a las cuales tu Espíritu irrumpe con la fuerza de la Pascua
y el lenguaje de la cruz, escándalo a los ojos del mundo,
se convierte en sabiduría para los que creen (1 Co 1, 17 ss).

Jesús,
tu muerte, oblación pura para que todos tengan la vida,
ha revelado tu identidad de Hijo de Dios e Hijo del hombre.

R /. A ti la alabanza y la gloria por los siglos.

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Fac ut ardeat cor meum
in amando Christum Deum,
ut sibi complaceam.

El via crucis completo lo encontramos en este enlace

Imagen del via crucis tomada de la web de la parroquia de Ntra Sra. de Madrid 
Publicado por: ACGdeMadrid - jueves, marzo 22, 2018

21 de marzo de 2018

Via crucis: 10ª Estación, Los soldados se reparten las ropas de Jesús.

Comentario a  la Décima Estación del via crucis. Texto procedente del via crucis presidido por el Santo Padre Benedicto XVI, en el Coliseo romano, en el Viernes Santo de 2006. Las reflexiones están escritas por Su Excelencia Reverendísima Mons. ANGELO COMASTRI Vicario General de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano Presidente de la Fábrica de San Pedro



DÉCIMA ESTACIÓN
Los soldados se reparten las ropas de Jesús
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Lectura del Evangelio según San Juan. 19, 23-24
C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, tomaron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado. Y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
V.  «No la rasguemos, sino echemos a suertes a ver a quien le toca».
C. Así se cumplió la escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suertes mi túnica».
      
MEDITACIÓN
Los soldados quitan a Jesús la túnica
con la violencia de los ladrones
e intentan quitarle también
el pudor y la dignidad.

Pero Jesús es el pudor, Jesús es la dignidad
del hombre y de su cuerpo.

Y el cuerpo humillado de Cristo
se convierte en denuncia de todas las humillaciones
del cuerpo humano,
creado por Dios como rostro del alma
y lenguaje para expresar el amor.

Mas hoy se vende y se compra frecuentemente el cuerpo
en las calles de las ciudades,
por las calles de la televisión,
en las casas convertidas en calle.

¿Cuándo entenderemos que estamos matando el amor?
¿Cuándo entenderemos que, sin pureza,
el cuerpo no vive ni puede generar la vida?

ORACIÓN
Señor Jesús,
sobre la pureza se ha impuesto ladinamente
un silencio general: un silencio impuro.
Se ha difundido incluso la convicción
–totalmente embustera–
de que la pureza es enemiga del amor.

Es verdad todo lo contrario, Señor.
La pureza es la condición indispensable
para poder amar:
para amar de verdad, para amar fielmente.

Además, Señor,
si uno no es dueño de sí mismo,
¿cómo puede entregarse al otro?

Sólo quien es puro puede amar.
Sólo quien es puro puede amar sin deshonrar.

Señor Jesús,
por el poder de tu sangre derramada por amor
danos un corazón puro
para que renazca el amor en el mundo,
el amor del que todos sentimos tanta nostalgia.

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Fac ut ardeat cor meum
in amando Christum Deum,
ut sibi complaceam.

El via crucis completo lo encontramos en este enlace

Imagen del via crucis tomada de la web de la parroquia de Ntra Sra. de Madrid 
Publicado por: ACGdeMadrid - miércoles, marzo 21, 2018

20 de marzo de 2018

Via crucis: 9ª Estación, Jesús cae por tercera vez.

Comentario a la Novena Estación del via crucis. Reflexiones del via crucis de San Josemaría Escrivá.


NOVENA ESTACIÓN
Jesús cae por tercera vez

El Señor cae por tercera vez, en la ladera del Calvario, cuando quedan sólo cuarenta o cincuenta pasos para llegar a la cumbre. Jesús no se sostiene en pie: le faltan las fuerzas, y yace agotado en tierra.
Se entregó porque quiso; maltratado, no abrió boca, como cordero llevado al matadero, como oveja muda ante los trasquiladores (Is LIII, 7).
Todos contra El...: los de la ciudad y los extranjeros, y los fariseos y los soldados y los príncipes de los sacerdotes... Todos verdugos. Su Madre –mi Madre–, María, llora.
¡Jesús cumple la voluntad de su Padre! Pobre: desnudo. Generoso: ¿qué le falta por entregar? Dilexit me, et tradidit semetipsum pro me (Gal II, 20), me amó y se entregó hasta la muerte por mí.
¡Dios mío!, que odie el pecado, y me una a Ti, abrazándome a la Santa Cruz, para cumplir a mi vez tu Voluntad amabilísima..., desnudo de todo afecto terreno, sin más miras que tu gloria..., generosamente, no reservándome nada, ofreciéndome contigo en perfecto holocausto.

V/. Te adoramos ¡oh Cristo! y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Puntos de meditación
     1. Ya no puede el Señor levantarse: tan gravoso es el peso de nuestra miseria. Como un saco lo llevan hasta el patíbulo. El deja hacer, en silencio.
      Humildad de Jesús. Anonadamiento de Dios que nos levanta y ensalza. ¿Entiendes ahora por qué te aconsejé que pusieras tu corazón en el suelo para que los demás pisen blando?

     2. ¡Cuánto cuesta llegar hasta el Calvario!
      Tú también has de vencerte para no abandonar el camino... Esa pelea es una maravilla, una auténtica muestra del amor de Dios, que nos quiere fuertes, porque virtus in infirmitate perficitur (2 Cor XII, 9), la virtud se fortalece en la debilidad.
      El Señor sabe que, cuando nos sentimos flojos, nos acercamos a El, rezamos mejor, nos mortificamos más, intensificamos el amor al prójimo. Así nos hacemos santos.
      Da muchas gracias a Dios porque permite que haya tentaciones,... y porque luchas.

     3. ¿Quieres acompañar de cerca, muy de cerca, a Jesús?... Abre el Santo Evangelio y lee la Pasión del Señor. Pero leer sólo, no: vivir. La diferencia es grande. Leer es recordar una cosa que pasó; vivir es hallarse presente en un acontecimiento que está sucediendo ahora mismo, ser uno más en aquellas escenas.
      Entonces, deja que tu corazón se expansione, que se ponga junto al Señor. Y cuando notes que se escapa –que eres cobarde, como los otros–, pide perdón por tus cobardías y las mías.

     4. Parece que el mundo se te viene encima. A tu alrededor no se vislumbra una salida. Imposible, esta vez, superar las dificultades.
      Pero, ¿me has vuelto a olvidar que Dios es tu Padre?: omnipotente, infinitamente sabio, misericordioso. El no puede enviarte nada malo. Eso que te preocupa, te conviene, aunque los ojos tuyos de carne estén ahora ciegos.
      Omnia in bonum! ¡Señor, que otra vez y siempre se cumpla tu sapientísima Voluntad!

     5. Ahora comprendes cuánto has hecho sufrir a Jesús, y te llenas de dolor: ¡qué sencillo pedirle perdón, y llorar tus traiciones pasadas! ¡No te caben en el pecho las ansias de reparar!
      Bien. Pero no olvides que el espíritu de penitencia está principalmente en cumplir, cueste lo que cueste, el deber de cada instante.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Se reza a continuación un Padrenuestro

El via crucis completo lo encontramos en este enlace

Imagen del via crucis tomada de la web de la parroquia de Ntra Sra. de Madrid  
Publicado por: ACGdeMadrid - martes, marzo 20, 2018

19 de marzo de 2018

Via crucis: 8ª Estación, Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén.

Comentario a  la Octava Estación del via crucis. Texto procedente del via crucis presidido por el Santo Padre Benedicto XVI, en el Coliseo romano, en el Viernes Santo de 2007. Las meditaciones están escritas por Mons. GIANFRANCO RAVASI.  Prefecto de la Biblioteca-Pinacoteca Ambrosiana de Milán .

Nota. Este via crucis de 2007 tiene 14 estaciones, según el texto bíbilico. Esta estaciones no coinciden planamente con las tradicionales. Por tanto a la que denominamos aquí octava estación, es la novena en el via crucis original.



OCTAVA  ESTACIÓN
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén    

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Lucas 23, 27-31
Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas, dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron! Entonces se pondrán a decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas: ¡Cubridnos! Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?».

MEDITACIÓN
En aquel viernes de primavera, en el camino que llevaba al Gólgota no se agolpaban sólo los desocupados, los curiosos y la gente hostil a Jesús. En efecto, también había un grupo de mujeres, tal vez pertenecientes a una cofradía dedicada al consuelo y a la lamentación ritual por los moribundos y los condenados a muerte. Cristo, durante su vida terrena, superando convenciones y prejuicios, a menudo se había rodeado de mujeres y había conversado con ellas, escuchando sus dramas pequeños y grandes: desde la fiebre de la suegra de Pedro hasta la tragedia de la viuda de Naím, desde la prostituta que lloraba hasta el tormento interior de María Magdalena, desde el afecto de Marta y María hasta el sufrimiento de la mujer que padecía un flujo de sangre, desde la joven hija de Jairo hasta la anciana encorvada, desde la noble Juana de Cusa hasta la viuda indigente y las figuras femeninas de la muchedumbre que lo seguía.

Así pues, en torno a Jesús, hasta su última hora, se encuentran numerosas madres, hijas y hermanas. Nosotros, ahora, nos imaginamos que están también a su lado todas las mujeres humilladas y violentadas, las marginadas y sometidas a prácticas tribales indignas, las mujeres con crisis y solas ante su maternidad, las madres judías y palestinas, y las de todas las tierras en guerra, las viudas y las ancianas olvidadas por sus hijos... Es una larga lista de mujeres que testimonian ante un mundo árido y cruel el don de la ternura y de la conmoción, como hicieron por el hijo de María al final de aquella mañana de Jerusalén. Esas mujeres nos enseñan la belleza de los sentimientos: no debemos avergonzarnos de que nuestro corazón acelere sus latidos por la compasión, de que a veces resbalen las lágrimas por nuestras mejillas, de que sintamos la necesidad de una caricia y de un consuelo.

* * *
Jesús acepta los gestos de caridad de esas mujeres, como en otras ocasiones había aceptado otros gestos delicados. Pero paradójicamente ahora es él quien se interesa por los sufrimientos que afectan a esas «hijas de Jerusalén»: «No lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos». En efecto, está a punto de estallar un incendio sobre el pueblo y sobre la ciudad santa, «un leño seco» preparado para atizar el fuego.

La mirada de Jesús se desliza hacia el futuro juicio divino sobre el mal, sobre la injusticia, sobre el odio que están alimentando ese fuego. Cristo se conmueve por el dolor que va a caer sobre esas madres cuando irrumpa en la historia la intervención justa de Dios. Pero sus estremecedoras palabras no indican un desenlace desesperado, porque su voz es la voz de los profetas, una voz que no engendra agonía y muerte, sino conversión y vida: «Buscad al Señor  y viviréis... Entonces se alegrará la doncella en el baile, los mozos y los viejos juntos, y cambiaré su duelo en regocijo, y los consolaré y alegraré de su tristeza».[32]

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Eia, mater, fons amoris,
me sentire  vim doloris
fac, ut tecum lugeam.

--------------------------------------------------------------------------------
[32] Amós 5, 6; Jeremías 31, 13.

El via crucis completo lo encontramos en este enlace

Imagen del via crucis tomada de la web de la parroquia de Ntra Sra. de Madrid  
Publicado por: ACGdeMadrid - lunes, marzo 19, 2018

18 de marzo de 2018

Via crucis: 7ª Estación, Jesús cae por segunda vez.

Comentario a  la Séptima Estación del via crucis. Texto procedente del via crucis presidido por el Santo Padre Benedicto XVI, en el Coliseo romano, en el Viernes Santo de 2011. Reflexiones de Su Eminencia Reverendísima el Señor Cardenal CAMILLO RUINIVicario general emérito de Su Santidad para la diócesis de Roma.


SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús cae por segunda vez

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Lectura del libro de los Salmos. 41, 6 - 10
Mis enemigos me desean lo peor: “A ver si se muere, y se acaba su apellido”. El que viene a verme, habla con fingimiento, disimula su mala intención , y, cuando sale afuera, la dice. Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí, hacen cálculos siniestros: “Padece un mal sin remedio, se acostó para no levantarse”. Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba, que compartía mi pan, es el primero en traicionarme.

MEDITACIÓN
Jesús cae de nuevo bajo el peso de la cruz. Cierto que estaba agotado físicamente, pero estaba también herido mortalmente en su corazón. Pesaba sobre él el rechazo de los que, desde el principio, se habían opuesto obstinadamente a su misión. Pesaba el rechazo que, al final, le había mostrado aquel pueblo que parecía estar lleno de admiración e incluso de entusiasmo por él. Por eso, mirando a la ciudad santa que tanto amaba, Jesús había exclamado: “¡Jerusalén, Jerusalén, … cuántas veces quise reunir a tus hijos a la manera que la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no quisiste!” (Mt 23, 37). Pesaba terriblemente la traición de Judas, el abandono de los discípulos en el momento de la prueba suprema, pesaba en particular la triple negación de Pedro.

Sabemos bien que pesaba también sobre él la masa innumerable de nuestros pecados, de las culpas que acompañan a la humanidad a lo largo de los milenios.

Por eso, supliquemos a Dios, con humildad, pero también con confianza: ¡Padre rico en misericordia, ayúdanos a no hacer todavía más pesada la cruz de Jesús! En efecto, como escribió Juan Pablo II, de quien esta noche se celebra el quinto aniversario de su muerte: “el límite impuesto al mal, del que el hombre es artífice y víctima, es en definitiva la Divina Misericordia” (Memoria e identità, p. 70).

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Pro peccatis suae gentis
vidit Iesum in tormentis
et flagellis subditum.

El via crucis completo lo encontramos en este enlace

Imagen del via crucis tomada de la web de la parroquia de Ntra Sra. de Madrid  
Publicado por: ACGdeMadrid - domingo, marzo 18, 2018

17 de marzo de 2018

Via crucis: 6ª Estación. La Verónica limpia el rostro de Jesús.

Comentario a  la Sexta Estación del via crucis. Texto procedente de nuestros hermanos Franciscanos.



SEXTA ESTACIÓN
La Verónica limpia el rostro de Jesús

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Dice el profeta Isaías: «No tenía apariencia ni presencia; lo vimos y no tenía aspecto que pudiésemos estimar. Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no lo tuvimos en cuenta».

Es la descripción profética de la figura de Jesús camino del Calvario, con el rostro desfigurado por el sufrimiento, la sangre, los salivazos, el polvo, el sudor... Entonces, una mujer del pueblo, Verónica de nombre, se abrió paso entre la muchedumbre llevando un lienzo con el que limpió piadosamente el rostro de Jesús. El Señor, como respuesta de gratitud, le dejó grabada en él su Santa Faz.

Una letrilla tradicional de esta sexta estación nos dice: «Imita la compasión / de Verónica y su manto / si de Cristo el rostro santo / quieres en tu corazón». Nosotros podemos repetir hoy el gesto de la Verónica en el rostro de Cristo que se nos hace presente en tantos hermanos nuestros que comparten de diversas maneras la pasión del Señor, quien nos recuerda: «Lo que hagáis con uno de estos, mis pequeños, conmigo lo hacéis».

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.

El via crucis completo lo encontramos en este enlace

Imagen del via crucis tomada de la web de la parroquia de Ntra Sra. de Madrid
Publicado por: ACGdeMadrid - sábado, marzo 17, 2018

16 de marzo de 2018

Via crucis: 5ª Estación, El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz.

Comentario a  la Quinta Estación del via crucis.

Texto procedente del via crucis presidido por el Santo Padre Benedicto XVI, en el Coliseo romano, en el Viernes Santo de 2008. Reflexiones escritas por Su Eminencia Reverendísima el Señor Cardenal JOSEPH ZEN ZE-KIUN, S.D.B. Obispo de Hong Kong


Nota. Este via crucis de 2008 tiene 14 estaciones, según el texto bíbilico. Esta estaciones no coinciden planamente con las tradicionales. Por tanto a la que denominamos aquí quinta estación, es la octava en el via crucis original.



QUINTA ESTACIÓN
El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz 

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Marcos 15, 21
A uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz de Jesús.

MEDITACIÓN
Simón de Cirene venía del campo. Se tropezó con el cortejo de muerte y lo forzaron a llevar la cruz juntamente con Jesús.

En un segundo momento, él corroboró este servicio, se mostró feliz de haber podido ayudar al pobre Condenado y llegó a ser uno de los discípulos en la Iglesia primitiva. Seguramente fue objeto de admiración y casi de envidia por la suerte especial de haber ayudado a Jesús en sus sufrimientos.

ORACIÓN
Amado Jesús, probablemente mostraste al Cirineo tu gratitud por su ayuda, mientras la cruz en realidad fue causada por él y por cada uno de nosotros. Así, Jesús, nos lo agradeces cada vez que ayudamos a los hermanos a llevar la cruz, aunque no hacemos más que cumplir con nuestro deber de expiar por nuestros pecados.

Eres tú, Jesús, quien está al comienzo de este círculo de compasión. Tú llevas nuestra cruz de tal manera que seamos capaces de ayudarte en tus hermanos a llevar la cruz.

Señor, como miembros de tu cuerpo, nos ayudamos mutuamente a llevar la cruz y admiramos el ejército inmenso de cirineos que, aun sin tener todavía la fe, han aliviado generosamente tus sufrimientos en tus hermanos.

Cuando ayudemos a los hermanos de la Iglesia perseguida, recuérdanos que somos nosotros quienes, en realidad, somos ayudados por ellos.

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Tui Nati vulnerati,
tam dignati pro me pati,
poenas mecum divide.

El via crucis completo lo encontramos en este enlace

Imagen del via crucis tomada de la web de la parroquia de Ntra Sra. de Madrid
Publicado por: ACGdeMadrid - viernes, marzo 16, 2018

15 de marzo de 2018

Via crucis: 4ª Estación, Jesús encuentra a su Madre.

Comentario a la Cuarta Estación del via crucis. Texto procedente del via crucis presidido por el Santo Padre Juan Pablo II, en el Coliseo romano, en el Viernes Santo de 2003.



CUARTA ESTACIÓN
Jesús encuentra a su Madre
V /. Adoramus tú, Christe, et benedicimus tibi.
R /. Quia por sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según San Lucas. 2, 34-35.51
Simeón les bendijo y dijo a María, su madre:
" Éste está puesto para caída
y elevación de muchos en Israel,
y para ser señal de contradicción
¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! -
a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones. "...
Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.

MEDITACIÓN
La Madre. María se encuentra con su Hijo en el camino de la cruz. La cruz de El es su cruz, la humillación de El es la suya, suyo el oprobio público de Jesús. Es el orden humano de las cosas. Así deben sentirlo los que la rodean y así lo capta su corazón: "...y una espada atravesará tu alma" (Lc 2,3 5 ). Las palabras pronunciadas cuando Jesús tenía cuarenta días se cumplen en este momento. Alcanzan ahora su plenitud total. Y María avanza, traspasada por esta invisible espada, hacia el Calvario de su Hijo, hacia su propio Calvario. La devoción cristiana la ve con esta espada clavada en su corazón, y así la representa en pinturas y esculturas. ¡Madre Dolorosa!

"¡Oh tú, que has padecido junto con El! ", repiten los fieles, íntimamente convencidos de que así justamente debe expresarse el misterio de este sufrimiento. Aunque este dolor le pertenezca y le afecte en lo más profundo de su maternidad, sin embargo, la verdad plena de este sufrimiento se expresa con la palabra "com-pasión". También ella pertenece al mismo misterio: expresa en cierto modo la unidad con el sufrimiento del Hijo.

ACLAMACIONES
Santa María, madre y hermana nuestra en el camino de fe,
con te invocamos a tu Hijo Jesús.
R/. Kyrie, eleison
Santa María, intrépida en la vía del Calvario,
suplicamos contigo a tu Hijo Jesús.
R/. Kyrie, eleison

Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Quæ mærebat et dolebat
pia mater, cum videbat
Nati pœnas incliti.

El via crucis completo lo encontramos en este enlace

Imagen del via crucis tomada de la web de la parroquia de Ntra Sra. de Madrid
Publicado por: ACGdeMadrid - jueves, marzo 15, 2018

14 de marzo de 2018

Via crucis: 3ª Estación, Jesús cae por primera vez

Comentario a la Tercera Estación del via crucis. Texto procedente del via crucis reflexionado por la Madre M. Angélica, P.C.P.A. (fundadora de la ETWN)


TERCERA ESTACIÓN:
Jesús cae por primera vez

V. Te adoramos, Señor y te bendecimos,
R. que por tu santa cruz, redimiste al mundo.

Mi Jesús, me parece, que como Dios, hubieras cargado tu cruz sin vacilación, pero no lo hiciste. Te caiste bajo su peso para enseñarme que entiendes cuando yo caigo. ¿Será el orgullo lo que me hace querer brillar aún en el dolor? Tú no te avergonzaste en caer- en admitir que la cruz era pesada. Hay personas en el mundo que mi orgullo no tolera, ya que espero que todos sean fuertes, mientras yo soy débil. Me avergüenzo admitir un fracaso en cualquier cosa.

Si el Padre permite fracasos en mi vida según Él permitió que Tú cayeras, entonces tengo que saber que hay bien en ese fracaso en que mi mente nunca comprenderá. No puedo concentrarme en los ojos de los demás mientras se fijan en mis caídas. Antes bien, debo extenderme hacia arriba para tocar esa mano invisible y beber de esa fortaleza invisible por siempre a mi lado.

Jesús débil, ayuda a todos los hombres que tanto intentan ser buenos, pero que su naturaleza está constantemente en oposición a que anden derecho bajo el camino estrecho de la vida. Levante sus cabezas para ver la gloria por venir más que en la miseria del momento presente.

Tu amor por mí te dio fortaleza para levantarte de tu caída. Vigile sobre aquellos quienes para el mundo son considerados como siervos inútiles y dales la valentía para ser más interesados en cuanto a cómo están delante de Ti, más que en su prójimo.
Amén.
Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Padrenuestro...

El viacrucis completo está en este enlace (http://www.ewtn.com/devotionals/stations/face_sp.htm) 

Imagen del via crucis tomada de la web de la parroquia de Ntra Sra. de Madrid
Publicado por: ACGdeMadrid - miércoles, marzo 14, 2018